lunes 14 de julio de 2008

Ménage à Trois (ella, yo y mi mente)

Llegué por fin a las puertas del cielo y me desterré por puro fetichismo. Tuve la miel rozando mis labios y me quité el hambre por miedo. Pude saciar mi sed con agua extraída del llanto de los dioses y preferí avivar el fuego de mi garganta por superioridad. Estuve a un paso de saber lo que se sentía al amar y ser correspondido y dejé pasar la oportunidad por que soy gilipollas. Ayer mis manos trabajaban para que me fuera pensando en ella; en la dermis de sus pechos en pie de guerra respondiendo a la excitación que imponían mis dedos en su sexo. Hoy trabajan para escribir este texto que mutila ferozmente todo rastro de cordura hallado en mí. Mañana para ahorcar este sentimiento que sin saber que significa exactamente, me confunde. Aquellos momentos conmovedores. Sucios. Salvajes… los anhelo. Me vuelven loco sus senos. Los deseo fervientemente. Amo los aros de cristal rosado que coronan cada uno. Cuando me cansé de lamer su paladar acerqué mi lengua a uno de ellos…y saboreé. Dejé que mis papilas gustativas palparan el espectro de sabores. ¿Te gusta?, le pregunté. Si, me respondió. Te quiero, añadió. Nuestros ojos se encontraron. Iris en posición. Pupilas alineadas. Le sonreí y mordí sus labios. Puro caramelo. Jugando con ella. Haciendo caso omiso a sus palabras reveladoras. Comportándome como un personaje que habita la urbe y que aparta el alma para follarse el cuerpo. Largo trecho de un sitio a otro. Silenciados por la incomodidad de la situación. Las mil cosas que tenía pensado decirle desde el día en que me besó…se…se esfumaron, y cual tormenta en el desierto, borraron su rastro. Adiós. Pero fue en la calma de esa tarde de verano (mirándola cuando ella no se daba cuenta y bajando la mirada de vez en cuando para deslizarme imaginariamente por el pequeño y prieto sendero que forman sus pechos) cuando me di cuenta de que inconscientemente le había mentido. Claro que sentía más por ella de lo que le dije. Claro que no se trataba solamente de atracción sexual. Claro que no se lo que es. Pero a día de hoy cambiaría todo lo que se por todo lo que ignoro. Deseo su sonrisa. Su manera de hablarme. De llegar a donde tantas otras mujeres llegaron involuntariamente. Quiero verla desnuda. Envuelta en la seda que crearé especialmente para ella a partir de mi cuore. Quiero que juegue conmigo. Que haga amagos de invitarme a entrar donde nadie más pasó. Que se muerda esos sensuales labios. Que se crezca e iguale los destellos de erotismo de Mailyn Monroe. Besaré el lunar de su cara. La fotografiaré llevándome al extremo. El flash la atrapará y la tendré encerrada en la cárcel del tiempo que es una foto, por si a caso intenta escapar al descubrir mi exacerbado egocentrismo. La quiero a ella. En conjunto. Corazón. Mente. Cuerpo. Unidos. Ya…en…Madrid. Y aun así, no le creo sus te quieros.